Mártires pasionistas de Daimiel (Julio – Octubre 1936).

Por la noche de ese mismo día 20 de Julio, un nutrido grupo de milicianos socialistas y comunistas rodeaban el convento. Al amanecer del día 21, los milicianos se decidieron a entrar en él con la nueva excusa de buscar armas.

Compartir
mm
Algunos de los Pasionistas de Daimiel asesinados.

La comunidad de Pasionistas de la localidad de Daimiel estaba formada en Julio de 1936 por treinta religiosos entre padres, hermanos y estudiantes –muchos de ellos entre 18 y 21 años de edad–, dedicados todos a prepararse para ir a misionar a América.

Ya en 1931, a raíz de la proclamación de la II República, fue incendiado el local del colegio en el que se guardaban aperos de labranza y un carromato.

En Marzo de 1936, al poco de hacerse con el poder el Frente Popular en las amañadas elecciones de Febrero, unos 300 militantes armados del PSOE y la UGT, y comunistas del PCE y las JSU, mayoritarios en aquella zona, registraron el convento, según dijeron, en busca de armas. Debido a ello y a las pocas ilusiones que se hacían, el superior encargó trajes de paisano para todos los religiosos.

El 19 de Julio de nuevo una turba de milicianos socialistas y comunistas registraba el convento con la misma excusa. El día 20 el superior envió a un religioso y a un hermano a dar una vuelta por el pueblo vestidos de paisano para otear el ambiente. Reconocidos de inmediato, fueron detenidos por milicianos del PSOE y llevados a la Casa del Pueblo socialista donde fueron sometidos a interrogatorio, dejándoles en libertad tras varias horas de cautiverio.

Por la noche de ese mismo día 20 de Julio, un nutrido grupo de milicianos socialistas y comunistas rodeaban el convento. Al amanecer del día 21, los milicianos se decidieron a entrar en él con la nueva excusa de buscar armas. Por la noche, con el convento rodeado por los miliciano, el superior llamó a la Guardia Civil pidiendo protección, pero se le contestó que no hacía falta y que permanecieran tranquilos.

A las 23,30h. los milicianos invadieron el convento apremiando a los religiosos a abandonarlo. El superior ordenó a todos vestir de paisano. Tras ello, les dio la absolución general, siempre manteniendo todos la máxima calma, exhortándoles de la siguiente manera: “Ciudadanos del Calvario. Es la hora de nuestro Getsemaní. La naturaleza, en su parte débil, desfallece y se acobarda. Pero Jesucristo está con nosotros… Dentro de unos pocos momentos estaremos con Cristo. ¡Moradores del Calvario, ánimo! ¡A morir por Cristo!…”. A continuación entre todos consumieron todas las Sagradas Formas existentes en la iglesia.

Después de un breve intercambio de palabras con alguno de los jefes de la turba “Nos pusieron de dos en dos a la puerta del convento, nos contaron y, en medio de trescientos o cuatrocientos hombres, nos llevaron por la calle que va a la estación, hasta que llegamos a la bifurcación que va al cementerio. Y nos obligaron a tomar esa dirección”.

Al llegar al cementerio, todos paran en sus puertas y esperan a que llegue el jefe de los milicianos que venía rezagado. Tras una breve conversación entre los elementos más destacados, los milicianos deciden llevar a los religiosos a la estación.

Algunos de los pasionistas de Daimiel asesinados.

En ella se hacen tres grupos. Uno, de veintiún religiosos, siguieron la carretera hacia Ciudad Real dividiéndose posteriormente a su vez en dos, uno de nueve que lograron llegar a Carabanchel Bajo donde fueron fusilados y otro de doce que marcharon en dirección contraria a Manzanares donde también serían fusilados. Otro de siete que llegaron a Ciudad Real donde fueron fusilados dos y cinco se salvaron. Otro de tres que campo a través llegaron a Malagón y que terminarían siendo fusilados en Urda, provincia de Toledo.

A cada religioso el superior le entregó 25 pesetas. Tras ello les dijo “Hacia Madrid. Lugar de encuentro, Zaragoza. ¡O el cielo!”.

El primer grupo de los citados fue detenido en la cercanías de la estación de El Campillo “Hacia las doce (mediodía) del 22… oí rumor en la calle y descendí hasta la puerta… al ver el grupo de los detenidos que venía en fila india, atados todos por el cuello con una misma cuerda, sin que estuviesen ahogados…Observé que uno perdía sangre detrás de la oreja. Oí decir que le habían arrojado un ladrillo mientras pasaba cerca de una obra en construcción… Obedeciendo órdenes que yo les di, subieron al piso principal del Gobierno Civil… El Gobernador le dirigía preguntas en tono correcto… Después que tomé los datos del segundo padre el Gobernador me encargó que les hiciese un salvoconducto…”.

A eso de las 16,30h. los pasionistas subieron al tren en Malagón. Aunque no hay testimonios de lo que ocurrió después, fueron varios los religiosos de diversas órdenes que tomaron ese u otros trenes camino de Madrid, todos los cuales en algún momento, de varios sí hay testimonios directos, fueron sacados de los trenes y en algún apeadero fusilados por grupos de milicianos que se dedicaban a detener los trenes, a registrarlos y a asesinar a todo aquel que identificaban como religiosos o de “derechas”.

Los pasionistas acabaron de tal forma en Carabanchel Bajo, en las inmediaciones de la Casa de Campo sobre las once de la noche. De tal instante da fe el médico de la Casa de Socorro de la zona al que llamaron para practicar la autopsia, al cual los asesinos dijeron que eran pasionista de Daimiel. Alguno de los asesinos llegó a exclamar “Esta canalla ya no hará más daño”.

El otro grupo de doce tomó el tren en El Campillo. Pero apercibido de ello un anarquista de nombre Francisco Menchén, llamó a su hermano, residente en Manzanares, dándole el chivatazo con la siguiente expresión Van a pasar por ahí los pasionistas de Daimiel. ¡Carne fresca! No la dejéis escapar…”.

Al llegar a Manzanares el tren paró, y Antonio Menchén, al frente de un numeroso grupo de anarquistas, hizo bajar del mismo a los religiosos. Los llevaron hasta el Ayuntamiento donde los encerraron. A las cinco de la madrugada los religiosos fueron liberados por los Carabinero, dirigiéndose a la estación, donde fueron interceptados por Menchén, que amenazó al empleado con matarle si dejaba irse a los pasionistas.

Los milicianos se llevaron a los religiosos y a unos pocos metros, en el paraje conocido como La Vereda de Valencia, los fusilaron. Cinco de ellos murieron en el acto, mientras que siete quedaron mal heridos, momento en que pasó por allí un tren “…Desde el tren hemos podido ver como algunos se levantaban y caían de nuevo…”, dijeron algunos testigos. Avisada la Cruz Roja recogieron los cadáveres y a los heridos, de los cuales alguno moriría posteriormente por las heridas.

El grupo de tres que marchó hacia Torralba intentó evitar encontrarse con un grupo de milicianos socialistas que sabían merodeaba por allí. Campo a través lograron llegar a una casa-molino donde les atendieron. Para no perjudicar a los dueños, después de reponer fuerzas brevemente siguieron su camino, bien que al poco fueron detenidos por dos serenos y conducidos al Ayuntamiento de Malagón sobre la cinco de la tarde ya del día 24 de Julio.

Los subieron al tren, pero en Urda, localidad toledana, les estaba esperando una gran turba de milicianos de tal pueblo y del cercano de Consuegra. Bajados del tren, fueron conducidos entre insultos y gritos no sólo de los milicianos, sino también de muchos de los viajeros del tren. Al poco eran fusilados. “Oí decir a los asesinos que no habían querido alzar el puño como les habían mandado. Los asesinos fueron León, apodado “El Tumantilla” de Urda, y otro de nombre Enrique apodado “El Tulle”, también de Urda…”. Se da el caso de que en Urda serían también asesinados 46 personas más, de ellas 34 franciscanos.

El grupo que marchó a Ciudad Real logró hacerlo en autobús, recogiendo por el camino a dos hermanos más, siendo en total siete. De ellos, los cinco más jóvenes llegaron a Torralba, tras numerosas peripecias lograrían llegar a Zaragoza, siendo testigos de todo lo ocurrido. Los dos más mayores, a los que habían recogido por el camino, lograron sobrevivir en un convento de dicho pueblo hasta Septiembre. El día 24 de tal mes se presentaron varios milicianos, los llevaron presos y los fusilaron. Según confesaron más adelante los propios asesinos, los dos religiosos apretaban con fuerza sendos crucifijos contra el pecho y gritaban sin cesar “¡Viva Cristo Rey!”.

Los que quedaron con vida del fusilamiento de Manzanares permanecieron en el hospital atendidos por las Hijas de la Caridad hasta de 1 de Agosto, día en que las monjas fueron obligadas a dejarlo, quedando entonces los pasionistas en manos de milicianos anarquistas. Bien que se les perdonó la vida de momento a cambio de que realizaran algunos trabajos, con la advertencia a los médicos de que si les daban el alta los fusilarían.

Sin  embargo, el 23 de Octubre fueron todos los religiosos conducidos en una camioneta a Ciudad Real, donde se consultó al Gobernador, que se lavó la manos diciendo “Cada comité tiene que asumir sus propias decisiones”. De vuelta a Manzanares, al pasar cerca de Daimiel, hicieron bajar a los religiosos y los fusilaron.

De esta forma fueron asesinados los siguientes religiosos:

* En Manzanares el 23 de Julio: Niceto Díez de 43 años, José Estalayo de 21, Epifanio Sierra de 20, Abilio Ramos de 20, Zacarías Fernández de 19 y Fulgencio Calvo de 19.

* En Carabanchel Bajo el 23 de Julio: Germán Pérez de 38 años, Felipe Valcobado de 62, Maurilio Macho de 21, José Osés de 21, Julio Mediavilla de 21, José María Ruiz de 21, Laurino Proaño de 20, Anacario Benito de 30 y Felipe Ruiz de 21.

* En Urda el 25 de Julio: Pedro Largo de 29 años, Félix Ugalde de 21 y Benito Sala de 38.

* En Carrión de Calatrava el 25 de Septiembre: Juan Pedro Bengoa de 46 años y Pablo María Leoz de 54.

* En Manzanares el 23 de Octubre: Ildefonso García de 38 años, Justiniano Cuesta de 26, Eufrasio de Celis de 21, Honorino Carracedo de 19, Tomás Cuartero de 21 y José María Cuartero de 18.

 

Compartir

Deja un comentario

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*